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martes, 24 de febrero de 2015

¿CÓMO AFECTAN EL ACTO DE LEER Y DE ESCRIBIR A TU CEREBRO?




Conexiones neuronales
   El proceso de escritura, como todas las artes, posee ese punto de genialidad que lo convierte en un absoluto misterio. Es por eso que prácticamente desde sus orígenes la figura del escritor tiene a su alrededor una poderosa aura de misticismo. Ya en el Ion un joven Platón dice que la poesía es el resultado de la inspiración divina, aunque la imagen idealizada del escritor que tenemos en la actualidad se consolida sobre todo en el Romanticismo, con figuras como Schelling o Rimbaud. Hoy en día, sin embargo, el avance científico y técnico nos ha facilitado algunas respuestas que desvelan siquiera parcialmente el enigma que se oculta detrás de este fascinante ritual. Sabemos, por ejemplo, de qué manera funciona el cerebro para procesar y generar la palabra escrita.
   Dejando a un lado la idea del escritor sublime, escribir es, en cualquiera de sus facetas, un acto cotidiano. Poco importa que sea la lista de la compra o una novela magistral. El proceso de escritura activa una serie de mecanismos en el cerebro que parecen ser muy parecidos independientemente de lo que se escriba. Sabemos que aunque el lóbulo frontal es la parte del cerebro asociado al discurso y a la escritura ‒en concreto el área de Broca‒, el lóbulo parietal también es importante en la escritura porque esta parte del cerebro, donde está el área de Wernicke, permite interpretar las palabras y el lenguaje en general. De hecho, muchos de los pacientes que presentan daños en esta parte a menudo tienen problemas en la ortografía o la escritura a mano.
   Sin embargo, cuando se nos cuenta una historia las áreas de Broca y de Wernicke no son las únicas zonas del cerebro que se activan; dependiendo de lo que la historia relate otras áreas asociadas con la experimentación de acontecimientos cobran vida también. Por ejemplo, si la historia incluye acciones como pegar patadas o correr la corteza motora del cerebro se iluminará. Es decir, que de alguna manera el cerebro reacciona como si realmente estuviera experimentando la historia.
   Lo que esto significa es que el poder de la literatura para influenciar en las personas es más potente y profundo de lo que pudiera pensarse. Es suficiente una historia evocadora para activar determinadas zonas del cerebro de un lector y hacer que se sienta como si estuvieran experimentando los acontecimientos del relato de primera mano.
   Además, el vínculo que se crea a nivel neuronal entre la persona que escribe una historia y la que la lee es muy poderoso. Un estudio de la Universidad de Princetondemostró que el cerebro de una persona que cuenta una historia y el cerebro de otra persona que la escucha se pueden llegar a sincronizar. Unos resultados muy similares a los del experimento desarrollado por el Instituto Holandés de Neurociencia y la VU University Medical Centre de Amsterdam en colaboración con la Organización Holandesa para la Investigación Científica Aplicada (TNO), en el que medían la actividad cerebral del escritor Arnón Grunberg durante la redacción de una de sus novelas para más tarde repetir el proceso con algunos de sus lectores.
   En cuanto a las diferencias entre la escritura cotidiana y la literaria, también se han realizado numerosos estudios que demuestran diferencias de funcionamiento en el cerebro. Aunque se cuente lo mismo no se reacciona de la misma manera ante distintas palabras. Las palabras cotidianas están, en cierta manera, desgastadas, lo que hace que la respuesta que provoquen sea más apagada que cuando se buscan formas más originales de decir las cosas. Esa es la explicación de por qué la buena escritura siempre trata de evitar los clichés lingüísticos y busca maneras nuevas y creativas de evocar los sentidos del lector. La Universidad de Emory publicó un estudio en 2012 en el que se concluye que las metáforas, a diferencia del lenguaje cotidiano, pueden activar zonas del lóbulo parietal asociadas con el tacto.
   Por último, hay que decir que si además se escribe a mano los beneficios de la escritura se incrementan porque se estimula una zona del cerebro conocida como sistema de activación reticular, responsable de la regulación del estado de vigilia. Un reciente estudio demuestra que este tipo de escritura es más beneficiosa para el desarrollo cognitivo que cuando se lleva a cabo de forma mecanizada a través de cualquier dispositivo.

jueves, 12 de febrero de 2015

Leer por placer. Una terapia para tu cerebro

¡Comprobado! Leer es la mejor terapia. Esta buena nueva, que es muy vieja para quienes hemos disfrutado del placer de leer desde siempre, corrobora la idea altamente difundida de que la lectura es un excelente tratamiento para el alma. Y como, según dice Eduard Punset El alma está en el cerebro, concluimos que la lectura es vital para el desarrollo y posterior cuidado de nuestro cerebro. Autoestima alta, menos estrés, mayor concentración y mejora del estado de ánimo


 Esta investigación nos dice que la gente que lee por lo menos media hora a la semana-ojo, apenas un ratito-, tiene un 20% más de posibilidades de sentir una mayor satisfacción vital que los que no abren un libro ni queriendo. Además, presentan un 21% menos a la hora de informar de depresión y un 10% más si hablamos de tener una buena autoestima.
Uno de los datos interesantes de este estudio, realizado en Reino Unido, es que hay una gran población que antes leía con regularidad pero que ha pasado a abandonar este hábito. Las razones son variadas, falta de tiempo, problemas de salud, pero llama la atención que un gran número de estas razones son por algún tipo de depresión, algo que, precisamente, se puede combatir, poco a poco, eso sí, a través de la lectura.
En España hay un 53% de la población que no lee o que lo hace de manera muy esporádica -que es la manera que tenemos de decir que nos han regalado el último deReverte y hay que quedar bien-, un porcentaje altísimo que podría beneficiarse de estas cualidades de la literatura aplicadas a la salud mental.

Y, además, lo que ganarían en vocabulario. Un chollo, se mire por donde se mire.


Así aparece en Scopus:

A literature-based intervention for people with chronic pain  ( Articles not published yet, but available online Article in press About articles in press (opens in a new window) )

a  Centre for Research into Reading, Literature and Society, Institute of Psychology, Health and Society, 213 Whelan Building, University of Liverpool, Liverpool L69 3GB, UK
b  School of Health Sciences, University of Liverpool, Johnstone Building, Liverpool L69 3GB, UK
c  Department of Aneasthesia and Pain Medicine, Royal Liverpool University Hospital, Prescot Street, Liverpool L7 8XP, UK
d  The Reader Organisation, The Friary Centre, Bute Street, Liverpool L5 3LA, UK 

Abstract

Background: This study investigated the impact of a literature-based intervention – The Reader Organisation's “Get into Reading (GIR)” shared read-aloud model – on people with chronic pain in a clinical setting. Methods: A mixed methodology approach was used. Quantitative self-report measures tested the effect of GIR on participants’ psychological symptoms and function before, during and after the reading group. Qualitative individual interviews and a focus group explored participants’ experience of GIR. Results: Three key themes emerged from the data: the value of the literature read in terms of quality and diversity, and in terms of promoting absorbed concentration and “flow”; a sense of shared community; improvement in mood, function and quality of life. Conclusions: The study has demonstrated that GIR can have a positive impact on the lives of people suffering chronic pain, which may help to alleviate some features of the condition with minimum risk of side effects.

Resumen


Antecedentes: Este estudio investigó el impacto de una intervención basada en la literatura Una Organización llamada "Get into Reading (GIR)" que usa un modelo de lectura compartido de lectura en voz alta dirigido a las personas con dolor crónico en un entorno clínico. Métodos: Se utilizó un enfoque metodológico mixto. Medidas por los informes dados por los participantes probaron los efectos de la RGI en los síntomas psicológicos y la función de los participantes antes, durante y después del grupo de lectura. Entrevistas individuales cualitativas y la técnica del Focus Group exploraron la experiencia de los participantes en RGI. Resultados: Tres temas principales arrojaron los datos: el valor de la literatura leída en términos de calidad y diversidad, y en términos de fomentar la concentración absorbida y "flujo"; un sentido de comunidad compartida; mejora en el estado de ánimo, la función y la calidad de vida. Conclusiones: El estudio ha demostrado que al participar en el grupo RGI puede tener un impacto positivo en las vidas de las personas que sufren dolor crónico, que pueden ayudar a aliviar algunas de las características de la enfermedad con el mínimo riesgo de efectos secundarios.

Author keywords

arts in health; chronic pain; literary reading for health; reading therapy
ISSN: 17533015Source Type: Journal Original language: English
DOI: 10.1080/17533015.2014.957330Document Type: Article in Press
Publisher: Routledge

miércoles, 7 de enero de 2015

La Ciencia tiene buenas noticias para aquellos que leen libros en papel. (Inglés)

It's no secret that reading is good for you. Just six minutes of reading is enough to reduce stress by 68%, and numerous studies have shown that reading keeps your brain functioning effectively as you age. One study even found that elderly individuals who read regularly are 2.5 times less likely to develop Alzheimer's than their peers. But not all forms of reading are created equal.


The debate between paper books and e-readers has been vicious since the first Kindle came out in 2007. Most arguments have been about the sentimental versus the practical, between people who prefer how paper pages feel in their hands and people who argue for the practicality of e-readers. But now science has weighed in, and the studies are on the side of paper books. 
Reading in print helps with comprehension. 
A 2014 study found that readers of a short mystery story on a Kindle were significantly worse at remembering the order of events than those who read the same story in paperback. Lead researcher Anne Mangen of Norway's Stavanger University concluded that "the haptic and tactile feedback of a Kindle does not provide the same support for mental reconstruction of a story as a print pocket book does."
Our brains were not designed for reading, but have adapted and created new circuits to understand letters and texts. The brain reads by constructing a mental representation of the text based on the placement of the page in the book and the word on the page. 
The tactile experience of a book aids this process, from the thickness of the pages in your hands as you progress through the story to the placement of a word on the page. Mangen hypothesizes that the difference for Kindle readers "might have something to do with the fact that the fixity of a text on paper, and this very gradual unfolding of paper as you progress through a story is some kind of sensory offload, supporting the visual sense of progress when you're reading."
While e-readers try to recreate the sensation of turning pages and pagination, the screen is limited to one ephemeral virtual page. Surveys about the use of e-readers suggest that this affects a reader's serendipity and sense of control. The inability to flip back to previous pages or control the text physically, either through making written notes or bending pages, limits one's sensory experience and thus reduces long-term memory of the text.

Reading long sentences without links is a skill you need — but can lose if you don't practice. 
Reading long, literary sentences sans links and distractions is actually a serious skill that you lose if you don't use it. Before the Internet, the brain read in a linear fashion, taking advantage of sensory details to remember where key information was in the book by layout. 
As we increasingly read on screens, our reading habits have adapted to skim text rather than really absorb the meaning. A 2006 study found that people read on screens in an "F" pattern, reading the entire top line but then only scanning through the text along the left side of the page. This sort of nonlinear reading reduces comprehension and actually makes it more difficult to focus the next time you sit down with a longer piece of text.
Tufts University neuroscientist Maryanne Wolf worries that "the superficial way we read during the day is affecting us when we have to read with more in-depth processing." Individuals are increasingly finding it difficult to sit down and immerse themselves in a novel. As a result, some researchers and literature-lovers have started a "slow reading" movement, as a way to counteract their difficulty making it through a book.

Reading in a slow, focused, undistracted way is good for your brain.
Slow-reading advocates recommend at least 30 to 45 minutes of daily reading away from the distractions of modern technology. By doing so, the brain can reengage with linear reading. The benefits of makingslow reading a regular habit are numerous, reducing stress and improving your ability to concentrate. 
Regular reading also increases empathy, especially when reading a print book. One study discovered that individuals who read an upsetting short story on an iPad were less empathetic and experienced less transportation and immersion than those who read on paper. 
Reading an old-fashioned novel is also linked to improving sleep. When many of us spend our days in front of screens, it can be hard to signal to our body that it's time to sleep. By reading a paper book about an hour before bed, your brain enters a new zone, distinct from that enacted by reading on an e-reader. 
Three-quarters of Americans 18 and older report reading at least one book in the past year, a number which has fallen, and e-books currently make up between 15 to 20% of all book sales. In this increasingly Twitter- and TV-centric world, it's the regular readers, the ones who take a break from technology to pick up a paper book, who have a serious advantage on the rest of us.
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