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martes, 12 de abril de 2016

¿Más información es más conocimiento?




La primera célula eucariótica tardó dos mil millones de años en compartir información con otra célula para dar origen a las primeras sociedades celulares o lo que los científicos consideran como las primeras formas de vida multicelular, el desarrollo del resto de todo el reino animal tomó "apenas" 700 millones de años (Rodolfo Llinás, El cerebro y el mito del yo). 

Tanto en el orden genético y biológico, como en el cotidiano, las especies que mejor han manejado el intercambio de información han sido las más exitosas. Cuando un homínido aprendió a usar un palo como herramienta para tumbar frutas, esa experiencia, que es conocimiento empírico, se vuelve información para que el otro aprenda ese procedimiento y pueda obtener un mejor resultado. Así de simple. Aprendemos de las experiencias de otros para resolver problemas. Ese aprendizaje se hace a través de la información compartida por el experto, es decir quien primero lo aprendió a través de la experiencia. Para compartir esa información el "experto" se puede valer de gestos, signos, palabras o bytes. Nuestro cerebro, que es el órganos más poderoso hasta ahora conocido para procesar, analizar, almacenar  y transmitir información, recibe la información, la procesa, analiza y almacena, para luego utilizarla y tomar la decisión que más se acomoda a la necesidad del individuo.

Pero la información hoy día no viaja a paso de célula eucariótica si no a la vertiginosa velocidad de la red por fibra óptica. Y con ella, con la información, avanza la sociedad. Cada día estamos expuestos a más y más datos, a más y más información. Hemos construida una sociedad altamente comunicada, usando herramientas que van desde las señas al habla, la escritura, la tabla de arcilla, el papiro, el libro y hoy día las Tics para transmitir información y constituirnos, para bien o para mal, en la especie más exitosa de la tierra.

El cerebro humano, órgano central del sistema nervioso, como se dijo anteriormente, es el órgano más completo para manejar, organizar e interpretar información, hasta ahora conocido. Todos los seres que poseen movimiento, también tienen un sistema nervioso que les permite hacer la misma función, pero ninguno con la complejidad que tiene el del ser humano.


Entender cómo funciona el cerebro es fundamental para entender cómo adquirimos conocimiento. Una de las funciones más asombrosas del cerebro es la memoria, la cual tiene una gran importancia para la consolidación del conocimiento. Esta función está ubicada principalmente en el lóbulo frontal. 

Pero en ésta época de una frenética exposición a información (google, redes sociales, smartphones, etc.) surge la pregunta de cómo afecta nuestro cerebro esta situación. Somos más efectivos e inteligentes por que tenemos más información, o por el contrario, al tener la información siempre disponible, a un clic de distancia, nos hacemos lentos, perezosos para adquirirla y procesarla y nuestro cerebro pierde versatilidad.

Esta discusión está desde hace rato en la palestra. Nicholas Carr, Vargas Llosa, entre otros, consideran que la sobre exposición a mucha información impide la concentración y nos hace autómatas que respondemos a un estímulo pero que no hacemos ningún tipo de análisis de lo que recibimos constantemente. La respuesta desde la neurociencia (Facundo Manes) es que desde siempre nos hemos valido de recursos externos a nuestro cerebro para almacenar información. Tablas de arcilla, libros y hoy día el computador e Internet. Dice Manes que debemos regular nuestros recursos cognitivos, no para almacenar la información en nuestro cerebro, si no para aprender a acceder a ella de manera oportuna. Una perspectiva que las Bibliotecas tenemos clara desde hace rato y que hemos venido fortaleciendo con cursos sobre Desarrollo de Habilidades de Información (DHI o ALFIN). "Si aprendemos que la capacidad para acceder a un dato esta tan solo a una búsqueda en Google de distancia, decidimos entonces no destinar nuestros recursos cognitivos a recordar la información, sino a cómo acceder a la misma." 


En última instancia lo que importa es la disponibilidad, acceso y uso efectivo de información para generar conocimiento y seguir haciendo lo que siempre hemos hecho: Responder de manera adecuada a las exigencias del entorno. Por eso el hecho de que ahora tengamos más información disponible nos obliga a ser más efectivos en saber distinguir las fuentes de información y su calidad (Libros, revistas, páginas web, bases de datos, etc.) y  a ser más analíticos y críticos respecto a lo que encontramos en esas fuentes de información.

Comparto el siguiente aparte del libro Usar el cerebro, de Facundo Manes donde trata este tema con mucho acierto.





¿Qué están haciendo las nuevas tecnologías con nuestro cerebro?

La tensión entre la exaltación y el pesimismo en nuestras sociedades es un fenómeno que se realza frente a las grandes transformaciones de la cultura. Apocalípticos e integrados, como los llamaría Umberto Eco, pugnan por interpretar cualquier novedad de acuerdo con sus expectativas. La invención de Internet generó una de las grandes revoluciones de la historia de la civilización, ya que modificó de cuajo las prácticas de sociabilidad, comunicación y acceso a la información. La sociedad digital se extiende de manera vertiginosa y transforma aspectos fundamentales del ser humano.

Una de las grandes transformaciones de esta nueva realidad se da a partir de la idea de un presente permanente y de una totalidad abarcable con solo presionar un botón para la navegación por la web (pero podríamos ampliar a la telefonía celular, el e-mail, el chat, el uso de redes sociales, etc.).

Como hemos dicho, existen diferentes tipos de memoria que involucran diferentes áreas cerebrales, siendo el lóbulo frontal el principal motor de búsqueda de nuestro cerebro. Asimismo, esta área del cerebro se asocia con la memoria de trabajo, es decir, con esta capacidad de mantener la información en la mente disponible para su manipulación. El lóbulo frontal es también fundamental para la capacidad de realizar diversas tareas simultáneamente manteniendo en la mente una meta principal y de orden superior. Además, esta área del cerebro está relacionada con nuestra atención, es decir, con la capacidad de focalizar en cierta información a expensas de otra, de cambiar de una a otra o de atender (alternadamente) a dos fuentes de información al mismo tiempo.

Vale preguntarnos entonces qué cambios precisara nuestro cerebro en constante adaptación a partir de que nos enfrentamos a esta nueva manera de procesar la información. Esta situación que promueve el acceso de la información de manera absolutamente distinta a como resultaba hace cincuenta años también moviliza a reflexionar hasta qué punto nuestro cerebro puede sostener esa  estimulación operativa y esas tareas múltiples. No es casualidad que sea entonces el lóbulo frontal el área que ha ganado más espacio en nuestra evolución.

Es importante tener en cuenta que cierta sobreexigencia puede derivar, sobre todo cuando el cerebro está en desarrollo, en un trastorno compulsivo. La persona que transita largas sesiones conectada en detrimento de otras actividades, con necesidad imperiosa de conectarse y gran malestar si no puede, con dificultades para autolimitarse y con efectos nocivos en su estado de ánimo (usualmente depresión y ansiedad), tiene los síntomas más frecuentes de este trastorno adictivo.

Esto no significa que los usos normales de estas tecnologías lleven a esta condición, sino que, por lo general, quienes la padecen son personas que presentan una neurobiología particular que los hace más vulnerables a caer en estas conductas compulsivas.

Borges (otra vez Borges) describió en uno de sus relatos a la de Babel como una biblioteca total e interminable, con una naturaleza informe y caótica, pero que a través de ella el universo estaba justificado, que con ella el universo había usurpado bruscamente las dimensiones ilimitadas de la esperanza. Muchos leyeron esto como una alegoría anticipatoria de Internet. Parece ser que también, cuando se trata de nuevas tecnologías y neurociencias, se debe invocar al maestro.

El efecto Google

Desde hace un tiempo los titulares del mundo se hicieron eco de supuestos efectos amnésicos de Internet, como si Google fuera una maldición en el hipocampo. Como una extraña paradoja, supimos de esto a través de esa misma tecnología acusada de ser promotora de la holgazanería de nuestro cerebro. Podemos referirnos, como ejemplo, a una nota publicada por la columna periódica que escribe Mario Vargas Llosa para el diario La Nación de Buenos Aires. La columna es del sábado 6 de agosto de 2011 y se titula: "Más información, menos conocimiento". Como se ve, la hipótesis es muy clara y contundente desde el título, y con buen tino hace prever el tema que tratará y su desarrollo argumentativo. En el último párrafo de la columna, el premio Nobel peruano dice: "Yo carezco de los conocimientos neurológicos y de informática para juzgar hasta qué punto son confiables las pruebas y experimentos que describe en su libro [se refiere a Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?, de Nicholas Carr]". Atendiendo a estas salvedades explicitadas por Vargas Llosa, creemos conveniente poder aportar información sobre ciertas investigaciones que se están realizando desde la neurobiología y, de esta manera, complementar las apreciaciones realizadas.

Lo que sugieren los estudios apocalípticos sobre internet citados en el artículo es que los procesos de la memoria humana se están adaptando a la llegada de nuevas formas de tecnología y comunicación. Y que esta adaptación es perniciosa para el cerebro porque lo libera de un entrenamiento necesario para su buena salud: "Cuanto más inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos", dice Vargas Llosa sintetizando estas posturas. Debemos recordar que, para nuestra evolución, este proceso adaptativo no es novedoso ya que, por ejemplo, hemos aprendido desde tiempos remotos que cuando no sabemos algo podemos preguntarle a otra persona que si lo sabe o, muchos siglos más acá, consultar documentos escritos o bibliotecas para transformar la duda en una certeza. En este caso que refiere Vargas Llosa estamos aprendiendo que es lo que la computadora sabe y cuando debemos acceder a su conocimiento para asistirnos en nuestro propio recuerdo.

En otras circunstancias ya se dio de igual modo la preocupación por las novedades tecnológicas ligadas a la información y el impacto en nuestra mente. Sin embargo, el ser humano aún goza de buena salud. Estos procesos críticos nos permiten, más bien, dar cuenta de un aspecto fundamental de nuestra conformación biológica: la naturaleza limitada de la propia memoria. Como todo bien limitado, actuamos en consecuencia protegiéndolo y  utilizándolo con un sentido de la oportunidad. Si aprendemos que la capacidad para acceder a un dato esta tan solo a una búsqueda en Google de distancia, decidimos entonces no destinar nuestros recursos cognitivos a recordar la información, sino a cómo acceder a la misma.

A diferencia de lo que plantea Vargas Llosa en su artículo (que la inteligencia artificial "soborna y sensualiza a nuestros órganos pensantes, los que se van volviendo, de manera paulatina, dependientes de aquellas herramientas, y, por fin, sus esclavos", por ejemplo), buscar instintivamente la información en Google es un impulso sano.

Todos hemos utilizado Google para bucear en recuerdos vagos o corregir algún dato inexacto. Sobre este último punto, muchas veces también se desestima la autoridad de los datos extraídos de Internet ya que no es el lugar más confiable para precisiones y exactitudes. ¿Y quién puede decir que si lo es nuestra memoria? Cuando uno experimenta algo, el recuerdo es inestable durante algunas horas, hasta que se fija por la síntesis de proteínas que estabilizan las conexiones sinápticas entre neuronas.

La próxima vez que el estímulo recorra esas vías cerebrales, la estabilización de las conexiones permitirá que la memoria se active. Cuando uno tiene un recuerdo almacenado en su cerebro y se expone a un estímulo que se relaciona con aquel evento, va a reactivar el recuerdo y a volverlo inestable nuevamente por un periodo corto de tiempo, para volver a guardarlo luego y fijarlo nuevamente en un proceso llamado "reconsolidación de la memoria". La evidencia científica indica que cada vez que recuperamos una memoria de un hecho, esta se hace inestable permitiendo la incorporación de nueva información. Cuando almacenamos nuevamente esta memoria contiene  información, adicional al evento original. En otras palabras, muchas veces  aquello que nosotros recordamos no es el acontecimiento exactamente cuál fue en realidad, sino la forma en que fue recordado la última vez que lo trajimos a memoria.

El uso de la web como un banco de la memoria es virtuoso. Nos ahorramos espacio en el disco duro para lo que importa y, en todo caso, al entender a Internet como una red, nos trae a cuenta una información variada, un conjunto de voces frente a las cuales el usuario es soberano. Si un hecho almacenado en forma externa fuese el mismo que un hecho almacenado en nuestra mente, entonces la pérdida de la memoria interna no importaría mucho. Pero el almacenamiento externo y la memoria biológica no son la misma cosa. Cuando formamos, o consolidamos, una memoria personal, también formamos asociaciones entre esa memoria y otros recuerdos que son únicos para nosotros y también indispensables para el desarrollo del conocimiento profundo, es decir el conocimiento conceptual. Las asociaciones, por otra parte, continúan cambiando con el tiempo, a medida que aprendemos más y experimentamos más. La esencia de la memoria personal no son los hechos discretos o experiencias que guardamos en nuestra mente, sino la cohesión que une a todos los hechos y experiencias.

No existe ninguna evidencia científica de que las nuevas tecnologías estén atrofiando nuestra corteza cerebral. Lo que si podemos aseverar es que fue esa misma tecnología la que nos permitió estudiar el cerebro in vivo a través de, por ejemplo, la resonancia magnética funcional, y con ella, conocer más del cerebro en las últimas décadas que en toda la historia de la humanidad. Estas investigaciones nos hicieron posible, además, precisar y tratar ciertas enfermedades neurológicas inabordables hasta hace poco tiempo.

En el clásico Fedro de Platón se cuenta el dialogo que mantuvieron el rey Tamo y Theuth sobre la invención de la escritura. Theuth está exultante por esta novedad que, dice, servirá para aliviar la memoria y ayudar a las dificultades de aprender. El Rey lo refuta diciendo que la escritura "solo producirá el olvido, pues les hará descuidar la memoria; y filiándose en ese extraño auxilio, dejaran a los caracteres materiales el cuidado de reproducir sus recuerdos cuando en el espíritu se hayan borrado". Tampoco la escritura, dice el Rey, será un buen instrumento de las personas para el conocimiento, "pues cuando hayan aprendido muchas cosas sin maestro, se creerán bastante sabios, no siendo en su mayoría sino unos ignorantes presuntuosos". Aquellos argumentos que hacen miles de años justificaban el malestar sobre la escritura, hoy se reiteran con una similitud sorprendente para Internet habiendo virado hacia el lado del bien eso otrora maldito.

Como no lo hicieron la escritura artesanal ni la imprenta, Internet no corroerá los mecanismos eficaces de pensamiento ya que las virtudes de la interacción social siguen siendo centrales para comprender. En un experimento realizado por Patricia Kuhl y colaboradores en Estados Unidos, tres grupos de niños que se criaron escuchando exclusivamente ingles fueron entrenados: un grupo interactuaba con un hablante del idioma chino en vivo; un segundo grupo veía películas del mismo hablante; y el tercer grupo solo lo escuchaba a través de auriculares.  El tiempo de exposición y el contenido fueron idénticos en los tres grupos. Después del entrenamiento el grupo de niños expuesto a la persona china en vivo supo distinguir entre dos sonidos con un rendimiento similar al de un niño nativo chino. Los niños que habían estado expuestos al idioma chino a través del video o de sonidos grabados no aprendieron a distinguir sonidos, y su  rendimiento fue similar al de los niños que no habían recibido entrenamiento alguno. Esto indica que la clave del conocimiento, la memoria y el desarrollo de la especie sigue siendo no lo que el individuo hace consigo mismo ni con la tecnología sino el puente que construye con sus semejantes.

Mario Vargas Llosa dice que después de leer de un tirón Superficial de Nicholas Carr quedo fascinado, asustado y entristecido. Una respuesta desde la neurobiología quizás pueda morigerar esa apesadumbrada sensación. Otra, desde la intuición. En general, las personas siguen conversando sobre sus cosas además de escribir y leer atentamente, y también usan cotidianamente Internet. De hecho no sería extraño ver en un mismo bar de una ciudad como Buenos Aires a dos viejos amigos que conversan efusivamente de la vida, mientras en otra mesa un profesional termina un proyecto en su computadora personal y, en otra, una persona de cualquier edad está encantada leyendo un libro del propio Vargas Llosa.

Apartes del libro de Facundo Manes

miércoles, 18 de febrero de 2015

Neurólogo orgullo de Colombia

El neurólogo colombiano que podría cambiar cómo se trata el alzhéimer en el mundo


Francisco Lopera dirige un ensayo clínico en Medellín que busca  prevenir la demencia que afecta  a más de 35 millones de personas en el mundo. 
12 de diciembre de 2014 |Por Gary Stix tomado de Scientific American



Trascurría el año 1989 y el neurólogo Francisco Lopera tenía que decidir si se quedaba en Bélgica tras finalizar  sus estudios de posgrado o si regresaba a Colombia, su país natal. Tras meditarlo, decidió no quedarse en Europa;  se dio cuenta que podría lograr más en su carrera científica si regresaba a Colombia.
 
Un factor que pesó en su decisión fue un encuentro unos años antes con unas familias que sufrían una forma hereditaria del alzhéimer. Esas familias provienen de una región de Antioquia no muy lejos de Medellín, donde Lopera vivió durante su adolescencia. Lopera tenía ganas de volver para realizar más investigaciones e intentar  entender mejor la demencia que estas familias sufrían.
 
Hoy en día, Lopera encabeza un ensayo clínico que incluye a estas familias—y que ha atraído un gran interés internacional. En  colaboración con la compañia Genentech y el Banner Alzheimer’s Institute, en Phoenix, Arizona, Lopera y sus colaboradores en la Universidad de Antioquia están proveyendo un fármaco  a portadores de un gen que, solo por el hecho de tenerlo, les asegura que van a empezar a presentar pérdida  de la memoria y otras capacidades cognitivas antes de cumplir los 50 años.
 
El ensayo clínico investiga si un tratamiento para la enfermedad puede ser eficaz si el paciente recibe la droga para el alzhéimer 10 ó 20 años antes de que aparezcan los síntomas. Se cree  que hay que empezar con las terapias tan temprano debido a que cuando un paciente ya  empieza a perder la memoria, ya ha perdido tantas neuronas que ningún tratamiento sería capaz de frenar la neurodegeneración.
 
Los participantes en el ensayo clínico reciben la droga crenezumab—una inyección de un anticuerpo para eliminar la proteína (en realidad el péptido) beta-amiloide del cerebro . Dicha proteína está vinculada con el desarrollo de la enfermedad.

En el ensayo también participan   familiares que no son portadores del gen y que no tienen riesgo de desarrollar la enfermedad, razón por la cual no recibirán el medicamento experimental sino placebo.
 
La comunidad  de científicos que investigan el alzhéimer está esperando con mucho anhelo los resultados de este ensayo. Administrar una droga años antes de enfermarse marca una manera innovadora de hacer ensayos clínicos. Los resultados podrían llevar hacia adelante los conocimientos en torno a esta devastadora enfermedad  y dar un paso importante hacia una terapia definitiva.
 
Scientific American entrevistó a Lopera el mes pasado en su oficina, en la Universidad de Antioquia, en Medellín.

Este es un extracto editado de dicha entrevista:
 
Usted es el descubridor de la población más grande en el mundo que sufre de alzhéimer hereditario con inicio precoz. ¿Cuándo encontró al primer paciente? 
 
En 1984, cuando hacía mi residencia en neurología clínica. Entonces me tocó ingresar a un paciente de 47 años que venía de Belmira, un pueblo de Antioquia. La familia lo trajo porque perdía la memoria y había perdido capacidades mentales en un grado tal que ya no podía trabajar en el campo y requería de un cuidador. Lo hospitalizamos. Lo estudiamos y la conclusión nuestra,  en conjunto con mis profesores de neurología, era que tenía una demencia tipo alzhéimer de inicio precoz hereditaria.
 
Nosotros nos desplazamos al pueblo donde el vivía para entrevistar a  sus familiares de más edad y  reconstruir las historias de otros miembros de su familia. De esa manera pudimos confirmar que se trataba de una forma familiar de demencia tipo alzhéimer genético.
 
Pero no sabíamos que mutación ni en el gen implicado, nada de eso. Tres años más tarde se publicó en una revista colombiana un reporte de esa familia. Eso fue lo que vio Ken Kosik [un conocido investigador de alzhéimer norteamericano] y que fue el motivo para que él nos contactara y así empezamos a trabajar juntos con el objetivo de estudiar a esas familias.
 
¿Los miembros de las familias ya sabían entre ellos que existía una enfermedad hereditaria?
Ellos se dieron cuenta que esos problemas habían existido durante varias generaciones. Ellos decían: “Nosotros sufrimos de la bobera de los Piedrahita (apellido)”.
 
Y luego, ¿ustedes encontraron otras familias?
Rápidamente encontramos otros casos similares con la misma historia en Yarumal en Angostura, en San José de la Montaña. Ya teníamos cuatro o cinco familias.
 
Después,  ¿cómo procedieron?
En la década de los noventa, Ken Kosik se viene a Medellín y el nos propone que busquemos las mutaciones en el cromosoma 21 donde está el gen de la proteína precursora de amiloide (PPA—una proteína que cuando es cortada por una enzima incorrecta produce la basura beta-amiloide).
 
¿Y qué paso?
Entonces le dimos unas muestras de ADN para que buscara las mutaciones en PPA. Pero negativo, todo normal. En 1994, llegamos a la conclusión de que había que buscarlo en el cromosoma 14 porque en el cromosoma 21 no había nada. Entonces Ken propuso que hiciéramos una colaboración con Alison Goate (una genetista conocida de Washington University). Estábamos ya a punto de descubrir en la colaboración con ella el gen [presenilina-1] cuando fue reportado por otro grupo. Pero unos meses después de reportar el gen de la presenilina-1, nosotros reportamos con Alison Goate la mutación (la mutación paisa de las familias en Antioquia) y otras mutaciones de la presenilina-1 de otras familias de otros países.
 
¿Y luego?
En el 2010 hubo un convenio con Banner para hacer un registro. Claro que nosotros ya teníamos un registro desde hace 30 años. Pero estaba muy desactualizado. Cuando Banner nos propone que hagamos un registro, la idea era que podríamos terminar haciendo un ensayo clínico. 
 
Hubo reuniones con investigadores internacionales para evaluar opciones. En el transcurso de esas discusiones apareció la idea de que podríamos hacer una alianza con Genentech.
 
¿Qué se intenta lograr con el ensayo clínico? 
Dos cosas fundamentales. Primero, se va a evaluar la eficacia y la seguridad del medicamento crenezumab en personas con alto riesgo de desarrollar la enfermedad, pero aún sanas. La otra,  se va a poner a prueba la hipótesis amiloidea.
 
¿Qué es la hipótesis amiloidea?
La hipótesis plantea la idea de que la enfermedad de Alzhéimer se inicia con los depósitos de beta-amiloide en el cerebro que generan una cascada de eventos neuropatológicos que llevan a la neurodegeneración, a la muerte neuronal y a la demencia.
 
Esta es la idea general. En este momento, la hipótesis amiloidea esta en la cuerda floja porque la mayoría de  los (fármacos) antiamiloideos han fracasado. La idea nuestra con API (Alzheimer’s Prevention Initiative) es que han fracasado porque se han utilizado demasiado tarde y si se usan a tiempo, antes de que aparezca la demencia, es posible que no fracasen.
 
De tal manera que este ensayo permitirá confirmar o negar esa afirmación. Puede ser que los antiamiloideos han fracasado porque la hipótesis amiloidea está equivocada o porque es demasiado tarde. Nosotros estamos apostando a la idea de que los antiamilodeos están fracasando porque se administran demasiado tarde.
 
[Las personas que son portadores de la mutación paisa son ideales para un ensayo clínico de prevención porque los investigadores pueden predecir con exactitud cuando se van a enfermar. Así se puede calcular cuantos años antes se tiene que recetar un medicamento para intentar de prevenir el alzhéimer.]
 
¿Este ensayo clínico ha sido un desafío para ustedes?
Sí, total. Primero porque nosotros llevamos 30 años estudiando a estas familias. Hemos hecho muchas publicaciones y este problema no se conocía en el mundo hasta que se publicó un artículo en el New York Times. También Scientific Americanpublicó un artículo en aquel entonces. A partir de allí se conoció el problema.
 
La planeación del ensayo tomo cuatro años, pues fue muy difícil. Hoy incluso nos asombramos que lo pudimos hacer, que pudimos empezar por lo menos.
 
Nosotros estamos muy contentos con Banner porque ellos creyeron en nosotros. Normalmente nadie cree que se puede hacer este tipo de proyecto tan ambicioso con gente de América Latina. O sea los latinoamericanos no tenemos una reputación de poder realizar un proyecto así. Pero ellos creyeron en nosotros y ha sido muy afortunado, porque hemos mostrado que podemos trabajar con ellos y de manera seria y este proyecto se ha logrado empezar  gracias a esa confianza.
 
¿Cuáles son sus esperanzas futuras? 
Primero, que logremos terminarlo de la manera que debe de ser, de la manera más científica en el año 2020. Eso es lo primero, hacerlo bien.  Segundo, soy optimista de que podamos encontrar un resultado, un resultado en el sentido de que se retrase el inicio o se prevengan los síntomas.
 
Yo diría que lo más importante es hacerlo bien porque así, si el resultado no fuese positivo, el hacerlo bien obligaría al replanteamiento  para encontrar otras opciones terapéuticas.
 
Pero si este estudio muestra pistas de mejoría,  pistas alentadoras y optimistas, pues nosotros tendremos que diseñar probablemente otro estudio para los menores de 30 años que son portadores del gen que los llevará a desarrollar la enfermedad.
 
Nosotros sabemos que la amiloidosis empieza a los 28 años en estas familias y un estudio de prevención primaria (antes del inicio de la patología) tendría que empezar antes. Entonces estoy pensando en esa población de niños y jóvenes que son portadores y que a lo mejor vamos a necesitar un proyecto de prevención primaria.
 
¿Cómo han reaccionado los participantes de este proyecto? 
Están muy entusiasmados. Cuando ellos deciden participar están convencidos que lo hacen por todo el trayecto del proyecto. Incluso, muchos miembros de las familias nos llaman para preguntar por qué no los hemos vinculado  todavía, porque ellos quieren participar. Hay un entusiasmo muy alto porque por primera vez les estamos ofreciendo una esperanza.
 
Hay muy buena relación entre ellos y el equipo. Es como una familia, porque como tenemos que verlos tan frecuentemente, se establece casi una relación familiar con ellos.
 
¿Me puede dar un ejemplo?
Hemos aprendido mucho de ellos. Por ejemplo, hay un miembro de las familias que en una reunión me dijo: “Dr. Lopera, usted sabe lo bueno que tiene la enfermedad de Alzhéimer?.” Yo le dije: “bueno, pues hasta ahora todo lo que yo he visto de la enfermedad es malo. Pero, bueno, ¿tú has visto algo bueno de la enfermedad?
 
Y el dijo: “Claro, la enfermedad tiene una cosa buena y una cosa mala. Y apuesto a que Ud. no sabe que es lo bueno”. Y yo le dije:  “no, yo no sé cuál es la buena. Enséñamela”.
 
Y me dijo: “La enfermedad de Alzhéimer tiene una cosa mala: es incurable. ¿Y qué es lo bueno? Lo bueno es que no es contagioso”.
 
Entonces,  ¿usted está contento que no se quedó en Bélgica?
Salí de aquí en 1987 hasta 1989. Había encontrado ya las primeras familias. Allá, en Bélgica, hice entrenamiento en neuropsicología, neurología del comportamiento.. Pero yo me di cuenta que con las familias que tenía acá podría hacer mucho mas acá que afuera.
 
Pero cuando me devolví, también era una época muy difícil porque estaba toda la violencia. Nosotros en la década de los ochenta íbamos a hablar con la gente en sus pueblos y hubo una época a finales de los 90 y principios de los años 2000 cuando ya no pudimos ir y tuvimos que traerlos acá. Eso fue un poco más complicado, más costoso, más difícil.
 
Tengo entendido que usted como joven se interesaba en otro tipo de carrera científica. ¿Es cierto eso?
Cuando tenía 15 años quería estudiar astronomía porque me interesaban los platillos voladores. Quería saber mucho de los platillos voladores en esa época. Y leí un artículo que decía que los platillos voladores no existían sino en la mente de la gente. Entonces me pareció mejor estudiar la mente. 

lunes, 29 de diciembre de 2014

Usar el Cerebro libro de Facundo Manes


Este libro fue uno de los más vendidos en Argentina en el 2014.

Cómo tomamos cada una de nuestras decisiones? ¿Qué es la conciencia? ¿Y las emociones? ¿De dónde viene la inteligencia? El cerebro humano es la estructura más compleja del universo, tanto, que se propone el desafío de entenderse a sí mismo. Todo lo que hacemos depende de esta “máquina” casi perfecta, que contiene más neuronas que las estrellas que existen en nuestra galaxia. Hasta hace solo algunas décadas estas incógnitas eran abordadas únicamente por filósofos, artistas, líderes religiosos y científicos que trabajaban de manera aislada.

sinembargo, en los últimos años las neurociencias emergieron como una nueva herramienta para intentar entender estos y otros enigmas. Por tratarse de una disciplina tan importante, ligada a preguntas e interrogantes vitales, es fundamental que su trabajo y sus logros no queden atrapados en laboratorios, sino que sean conocidos y puestos en común por todos y cada uno de nosotros. Y es ahí en donde un libro como Usar el cerebro se vuelve indispensable. Porque Facundo Manes –una autoridad internacional en el tema– de la mano de Mateo Niro, no solo dejan en claro que el estudio neurocientífico resulta tan apasionante como innovador, sino que, más allá de sus alcances, ha logrado progresos y descubrimientos que permitieron enriquecer la calidad de vida de millones de personas. En pocas palabras: conocer nuestra mente para vivir mejor.

VER CAPÍTULO DEL LIBRO AQUÍ